Pensamiento, arte y cultura en tiempos de Covid-19

#by juliennelopez 

Del dicho al hecho… controversias teóricas

Mucho se está escribiendo desde la teoría del arte sobre los giros morfológicos y conceptuales que este sector está experimentando a raíz de la pandemia que nos azota a nivel mundial. Parte de los discursos giran en torno a cómo el capitalismo ha recibido un duro golpe y, por ende, el sistema arte, lo cual ha generado que las instituciones artísticas estén replanteándose un modelo de negocio más funcional y adaptado a los tiempos que corren. Galerías de arte, casas de subasta, museos y otras instituciones culturales viven actualmente un proceso de transformación y adaptación de sus canales de difusión, a favor de la visibilización y consumo del arte, en una sociedad que, hoy más que nunca, echa mano de la tecnología para acceder a eventos, conciertos, teatros y demás ofertas culturales.

Son muchos los teóricos que se encuentran repensando la cultura como concepto globalizador, como esa «semiosfera»[i] de la que nos habla Yuri Lotman. La compilación Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia es un ejemplar que recoge textos de diferentes pensadores contemporáneos que analizan los efectos de la pandemia Covid-19. Se trata de un ejercicio de edición en el que intervienen voces críticas como Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Byung-Chul Han, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou y David Harvey, que nos permite tener una mirada integral de los debates en torno al COVID-19 y la coyuntura en la que nos encontramos, la cual influye y determina cómo vivimos la cultura hoy.

Entre los trabajos compilados por Pablo Amadeo, profesor argentino de Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata, el del filósofo surcoreano Byung-Chul Han llama mi atención, particularmente su texto «La emergencia viral y el mundo de mañana», que nos permite contextualizar y describir el panorama de la sociedad y la cultura contemporáneas, caracterizadas por el «exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación».[ii] Sobre todo nos advierte de un fenómeno que ya veníamos experimentando hace tiempo, pero que a raíz de las nuevas dinámicas de comunicación se ha visto intensificado; nos referimos a los excesivos niveles de digitalización que eliminan la realidad para crear «nuevas realidades» o «realidades otras».

“La digitalización, toda la cultura del «me gusta», suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad”.[iii]

 

 

@grafitamayo

@grafitamayo

De esta forma el filósofo pone sobre la mesa un hecho que nos afecta a todos y que, especialmente dentro del campo de la cultura, se ve reflejado en una intensificación del acceso a través de las redes: lo virtual como espacio de comunicación alcanza el protagonismo. Muchas son las iniciativas que ya han surgido a propósito del confinamiento, donde los receptores han tenido que acudir a sus pantallas también para consumir arte. Exposiciones virtuales, directos de Instagram de museos mundialmente conocidos, funciones de teatro online, conciertos en la red son algunos ejemplos que ilustran los cambios que acontecen dentro de la institución arte y del universo del receptor. Si bien es sabido que la circulación de la cultura ya fluía desde hace mucho tiempo por los canales digitales, su intensificación y masificación es algo que no tiene precedentes y que está alterando en consecuencia la manera en que accedemos a esta. Por otra parte el receptor ya no tiene que –o no puede– salir a la calle a encontrarse con el arte, a recorrer la galería, a penetrar los environments o bordear las instalaciones; sino que desde su propia casa navega por los interiores de espacios que nunca antes había podido visitar, hace zoom en las obras, escoge el recorrido que desea hacer, escucha guías virtuales, y de esa manera va navegando por salas de exposición que han sido captadas por una cámara que escanea los espacios en 3D.

Este fenómeno en pleno auge lo describe David Harvey en su texto «Política anticapitalista en tiempos de COVID-19»[iv] cuando expresa cómo «las reglas de distanciamiento social sugeridas podrían llevar, si la emergencia continúa el tiempo suficiente, a cambios culturales. La única forma de consumismo que casi con toda seguridad se beneficiará será lo que yo llamo la economía de Netflix, que da servicio, de todos modos, a los “espectadores de atracón”. (…)». De manera contundente Harvey pone en evidencia lo que ya venían experimentando las sociedades capitalistas, entregadas a un consumo desbordado del audiovisual hollywoodense, hoy convertido en una de las vías más socorridas para saciar esa necesidad consumista suprimida de manera forzosa. Si bien es necesario destacar la valía de no pocos materiales que circulan por Netflix, ante un consumo excesivo, indiscriminado y poco filtrado surge el temor de que los espectadores acudan a él como única opción dentro de la gran cantidad de ofertas de la industria cultural; de ahí el sobresfuerzo al que se ven abocadas las instituciones culturales para reajustar sus dinámicas de circulación, de forma tal que llegue el contenido a los receptores de la manera más directa y atractiva posible.

Otro de los autores que aparece en el citado libro es el filósofo, psicoanalista y teórico cultural esloveno Slavoj Žižek. Sus reflexiones van encaminadas a analizar los patrones autodestructivos de una sociedad que necesita la llegada de una pandemia mundial para activar la solidaridad global; para ello examina el papel que ha jugado el estado, insiste en llamar la atención sobre el declive de los gobiernos neoliberales y sobre todo se detiene en el proceso de reconfiguración de nuestras sociedades a partir de los giros que en el orden económico, político y cultural están teniendo lugar. Asimismo, insiste en depositar en la realidad virtual ese posible único espacio seguro, aunque apunta como:

“(…) incluso aquí, a nivel de realidad virtual e internet, debemos recordar que, en las últimas décadas, los términos «virus» y «viral» se utilizaron principalmente para designar virus digitales que estaban infectando nuestro espacio web y de los cuales no nos dimos cuenta, al menos hasta que se desató su poder destructivo (…). Lo que vemos ahora es un retorno masivo al significado literal original del término: las infecciones virales funcionan de la mano en ambas dimensiones, real y virtual”.[v]

Ello pone de manifiesto como la creación constante de realidades contaminadas –reales y virtuales– es un hecho al que nos tenemos que enfrentar. La lucha constante, el estado de alerta permanente son aspectos que están definiendo a las sociedades contemporáneas y que diagraman un panorama, si se quiere, desolador. El espacio de la cultura dentro de este entramado juega un papel fundamental; en la misma medida en que funciona como agente vinculante y disociatorio, retorna a su papel «educativo», se hiperactiva su función paliativa y, sobre todo, se enfrenta al reto de circular principalmente por esa realidad virtual altamente contaminada. Ante semejante panorama el arte y sus canales de circulación están teniendo que reinventarse. Quizá sea demasiado pronto para analizar a profundidad aquellos giros que están aconteciendo y seguirán teniendo lugar en el escenario de la cultura –la distancia facilita el ojo crítico y el argumento más sólido–; no obstante, el ser humano siempre ha querido entender su tiempo desde el presente en que habita, y eso es ineludible. El arte está dando señales de los cambios que están teniendo lugar, ya sea a nivel de la propia praxis artística por parte de los creadores, como por parte de las instituciones que los avalan. Hacia allí nos dirigiremos más adelante en este texto, en aras de descubrir cuáles son esos cambios tempranos que los teóricos, críticos, galeristas, artistas, etc. ya están experimentando en medio de este contexto de hiperproducción de contenidos.

@estudioares

@estudioares

Por otra parte, la compilación La Fiebre, del propio autor, es un libro en el que las voces críticas reunidas “piensan en torno a la filosofía, pero también en torno a la comunicación, la psicología, la ecología, la economía, el trabajo, la seguridad, el arte y sus consumos”[vi]. Se trata de una compilación en la que se incluyen textos en los que se debate sobre el fenómeno coronavirus desde otros enfoques y sobre todo se incluyen voces críticas de diferentes lugares del mundo, lo cual le aporta al fenómeno un análisis mucho más integral. En este punto me interesan particularmente aquellos debates que proponen autores como el argentino Rafael Spregelburd, quien propone un análisis mucho más centrado en la producción cultural, haciendo especial énfasis en la esfera del teatro, en el mundo del entretenimiento y en los canales de democratización de la producción cultural. Su texto «El año del cochino»[vii] se encuentra más escorado hacia un análisis de las dinámicas de circulación del pensamiento filosófico y de la cultura en tiempos en los que «(…) en las pausas que dejan la lavandina y la filosofía, el homus pandemicus consume ficciones. La oferta es inasible. Mientras haya internet, hay infinitas opciones de entretenimiento. Algunas son banales, como siempre. Otras son extraordinarias»[viii].

El referido autor llama la atención sobre la oferta de ficciones que está satisfaciendo por el momento a los usuarios, donde una vez más Netflix lidera la racha de oportunidades, aunque reconoce que también los gobiernos abren canales de acceso a materiales audiovisuales, literarios y pedagógicos. En esta fiebre de hiperproducción e hipercirculación se repiensan las dinámicas culturales, alteradas por el hecho de que las personas no puedan acudir a su consumo presencial, sino que queden limitadas al mundo de lo virtual. Si bien su discurso se encuentra más centrado en los cambios radicales que ha supuesto para el teatro y el cine, sus reflexiones permiten ser extensivas a las prácticas culturales en general. Sobresale en él cierto temor por la masificación y banalización de la cultura, y refleja esa incertidumbre de «no poder saber cómo será esta banalización (o democratización pantotal) de los saberes dentro de tres meses, un año, un lustro».[ix]

Aparece entonces en su discurso la problemática del espectador del futuro, surgido como resultado de un contexto de confinamiento y de su posterior liberación. Como expresa el dramaturgo argentino, dicha figura tendrá en consecuencia otros hábitos narrativos y otros parámetros temporales. Nos referimos a un agente que lejos de funcionar como un receptor pasivo, en estos tiempos se ha convertido en protagonista y ha jugado un rol de actor en plataformas online, ahora mismo plagadas de youtubers e influencers que ofrecen clases de cocina, de yoga, lecturas de poemas, dibujos en cuarentena, microteatro y conciertos entre amigos… Spregelburd nos alerta sobre un espectador que ya era así antes del coronavirus, pero que a raíz de la pandemia estará inserto en una realidad donde predomine una “sobredosis de experiencias con el tiempo de los relatos”. A este panorama se enfrenta la producción artística hoy, la cual tendrá la misión de hacer visible por los canales de circulación online, cohabitando con Netflix y demás plataformas, contenido que mantenga los niveles artísticos, aunque su adaptación al nuevo contexto y receptor será inevitable. Como bien apunta Rafael: «Estos productos culturales tendrán variopinta composición genética: arte, ocio, entretenimiento, pornografía, serán estilos de un mismo evento espectacular y no prácticas diferenciadas por sus materiales básicos de construcción. Dentro de esa variedad, el arte será el que junte menos espectadores»[x]

Un asomo de lo que llegó… ¿para quedarse?

Como hemos podido a comprobar, a nivel teórico el pensamiento intelectual está siendo fértil por estos días en relación a los giros que a nivel social, político, económico y cultural están teniendo lugar en las sociedades contemporáneas. La llegada de una pandemia mundial ha trastocado el planeta tal cual lo entendíamos hasta ahora, y el arte no escapa de dichas trasformaciones. Nos referimos a nuevas dinámicas de circulación y consumo, a una mayor presencia en las redes, a la relación con un receptor de perfil heterogéneo: el público especializado se mantiene, mientras se suma con mayor fuerza el público acostumbrado al zapping, a los directos, las fake news y a un consumo hiperactivo de información.

¿Cómo se verifican estos cambios en el entramado artístico? ¿Cuáles son aquellas propuestas que ponen de relieve una manera «otra» de acceder al arte? Un acercamiento primario debido a la prontitud del fenómeno ya nos revela iniciativas que están teniendo lugar en la esfera de internet. El espacio del museo, un lugar físico consagrado a albergar, exhibir, restaurar obras de arte, al que habitualmente acudimos, compramos entradas con antelación y recorremos desandando sus salas; hoy se encuentra vacío. En su sustitución este se ha visto necesitado de reforzar sus canales en la red, a ofrecer recorridos virtuales por sus salas, a entrevistar en directo a curadores y restauradores, a desarrollar aún más su esfera pedagógica y, sobre todo, a visibilizar otras zonas a las que quizá antes el público no tenía acceso como sus espacios dedicados a la restauración de las piezas de sus colecciones. El Museo del Prado, el Reina Sofía, El Louvre, el MOMA, The National Gallery, el Museo Hermitage, la Galería Uffizi, el Museo Guggenheim, por citar algunos de los más conocidos, han acudido a esta estrategia para continuar ofreciendo sus propuestas culturales de forma tal que a ellas accedan los espectadores de forma gratuita. Muchos han reestructurado sus webs y canales de promoción, trasladando hasta estos espacios virtuales la mayor cantidad de contenido posible, además de que ofrecen la oportunidad de descargar parte de esta información.

@tanaka_tatsuya

@tanaka_tatsuya

Herramientas como Google Arts & Culture también ayudan a las instituciones culturales a compartir sus colecciones. Se trata de una plataforma de visibilización que actualmente se ha convertido en un espacio idóneo para el consumo de exposiciones recientes y pasadas, ya que ofrece un amplio mapa cultural, en el que el receptor puede navegar indistintamente por exhibiciones en disímiles museos y galerías del mundo. Sus secciones de «Video en 360», «Street View» y «Arte Camera» complementan una página que integra contenido de primera, exquisita para los receptores que a ella acuden lo mismo de forma puntual que de manera reiterada. En dicha web críticos de arte, investigadores, curadores, artistas, museógrafos, etc. pueden encontrar referencias de primera mano extraordinariamente útiles.

Otra de las iniciativas que ha venido a dinamitar la tradicional visión del museo como reservorio de grandes piezas de arte es el surgimiento del Covid Art Museum (CAM), un perfil de Instagram que pone en evidencia esos canales alternativos a los que el arte ha tenido que acudir con más fuerza para hacerse visible. Como su nombre lo indica nos referimos a un museo de arte virtual que alberga piezas cuyas temáticas principales giran en torno a la pandemia, la cuarentena, el encierro y a emociones claves en torno a la nueva experiencia como el miedo, la angustia, la incertidumbre, la tristeza y la pérdida. Este proyecto es el resultado de un grupo de jóvenes que quisieron configurar un variado testimonio del arte surgido en cuarentena. Irene Llorca (Alicante, 1993), José Guerrero (Alicante, 1991) y Emma Calvo (Barcelona, 1994), protagonistas de la iniciativa, han creado un formulario de Google, disponible en el perfil, para que artistas locales e internacionales remitan sus propuestas junto a una explicación sobre aquello que les ha motivado o el contexto en que han sido desarrolladas las piezas. Es un proyecto altamente inclusivo, pues en cuanto a técnicas aceptan todo tipo de formatos: ilustraciones, 3D, fotografías, clips audiovisuales, pintura, escultura, etc.

Covid Art Museum revela a su vez los giros iconográficos e iconológicos que están teniendo lugar en las propuestas artísticas. De manera general se puede apreciar a nivel estético un discurso de enclave semiótico, inclinado hacia el trabajo de los símbolos con los que se identifica la pandemia: el nasobuco, la mascarilla, los guantes, el hidrogel, el papel higiénico, unas veces plasmados de forma directa en las obras, otras reinventados por los artistas gracias a esa creatividad infinita que permite metamorfosear el símbolo. Recursos como la metáfora, la metonimia, la sátira o el pastiche empleados por los creadores, hacen del arte en tiempos de COVID-19 una expresión altamente conceptual. En las obras van implícitas profundas reflexiones que le atañen al individuo a nivel regional y también mundial, por lo que estamos hablando de una propuesta altamente inclusiva en la que tienen cabida artistas de todas las regiones del mundo con los medios de expresión más diversos. Si nos paseamos por el feed de la cuenta comprobamos como destacan figuras tan reconocidas como Banksy, desde España nos encontramos con las propuestas de Nacho Tellado, quien le ha dado un espacio de visibilidad a los médicos que ha estado a pie de guerra en la lucha contra el coronavirus; mientras que tropezamos no sin detenernos en ellas con las fotografías del fotógrafo italiano Alessio Albi, quien comenzó a realizar sesiones fotográficas con modelos a través de videollamadas. Por otro lado se encuentran esos artistas que acuden al pastiche como estrategia discursiva, siempre con cierta dosis de humor. Es el caso de las propuestas de Gonzalo Sabina y Gonzalo Cuevas, quienes como traperos de la historia del arte –coqueteando con Benjamin- han reinterpretado obras de arte en estrecha relación con la situación actual de la pandemia. Aquí confluyen muchos creadores jóvenes –lo cual permite descubrir e insertar a nuevos artistas– de todo el mundo, quienes aportan propuestas donde se distingue una sensibilidad estética y un discurso conceptual sólido. Asimismo, en dichas obras podemos comprobar cómo la tradicional firma del artista, que históricamente ha acompañado las obras de arte y que otorga un valor a las piezas, ha desaparecido en el espacio virtual de Instagram. En las imágenes que envían los creadores a dicha plataforma, la firma aparece sustituida por la etiqueta de @nombredelperfildelartista. De esta manera comprobamos el giro que en este sentido está teniendo lugar y que se corrobora en la ausencia del título como aportador de sentido.

Otra zona que se ha visto afectada por la pandemia del coronavirus es la de los macroeventos artísticos, ferias y bienales de arte. La mayoría han tenido que aplazar su fecha de celebración, mientras que otros han burlado el virus trabajando en una nueva estrategia digital. Es el caso de Art Basel Hong Kong, una de las ferias más importantes de arte contemporáneo del mundo, la cual ante la situación imperante decidió lanzar su propia plataforma digital para ofrecer un lugar seguro a galeristas y coleccionistas, aumentar el número de visitantes y el de potenciales compradores. «Online Viewing Rooms» se llamó la feria virtual que abrió el pasado mes de marzo sus puertas a profesionales, coleccionistas y al que posteriormente pudo acceder el público general a través de Art Basel. Participaron 230 galeristas, prácticamente la totalidad de los que habían sido invitados inicialmente para la feria de Hong Kong, y se pusieron a la venta 2000 obras con un valor estimado en 250 millones de euros. Las salas pasaron a ser online, y dentro de los beneficios del nuevo formato expositivo se encontró la amplitud de visibilización de las galerías, las cuales además pudieron interactuar con un público internacional. Se trata de una manera otra de difundir y consumir el arte, que a su vez facilita la supervivencia del mercado del arte, a partir de la comercialización de las obras meramente desde el ámbito digital. Es evidente que el mundo digital no reemplaza la experiencia del arte en vivo, sin embargo, es una alternativa viable en tiempos de coronavirus. En un momento de gran incertidumbre, las galerías y artistas necesitan y agradecen iniciativas como estas que facilitan la visibilización de sus propuestas.

@failunfailunmefailun

@failunfailunmefailun

Ideas como la de Art Basel Hong Kong han abierto una brecha que parece imparable. Por ejemplo, Art Dubai lanzó varias opciones de contenido digital tras posponer su edición prevista para finales de marzo de 2020, su espacio tradicional físico fue sustituido por la presencia virtual, compartió su catálogo y ofreció un foro sobre arte en vivo y un programa de performances. En su Global Art Forum trasmitió una reunión virtual con artistas, curadores y otros agentes implicados en el mundo arte, quienes compartieron sus experiencias recientes en relación con el distanciamiento social. Dentro del foro una obra que alcanzó gran relevancia fueron los tres videos del artista Nabla Yahya: en News from Nowhere mostró una serie de clips de noticias de los últimos días en las que quedan recogidas desde la historias más personales a íntimas, hasta el discurso oficialista pronunciado por los políticos con el objetivo de poner de relieve esas noticias que han quedado solapadas durante la pandemia; en Club Do Nothing quiso darle voz a la respuesta colectiva que ante el estado de confinamiento circuló por las redes sociales como fueron las escenas de música en balcones, los mensajes alentadores de profesionales de la salud, etc.; en Manos limpias trasmitió advertencias plasmadas en un texto sobre cómo responder productiva y cuidadosamente a la crisis en curso. Una declaración en el video dice: «Las sanciones temporales sobre su libertad hedonista no se corresponden con el sufrimiento deshumanizante infligido en gran parte de nuestro mundo». Concluyó con una nota alentadora, recordando a los espectadores que «ahora es el momento de ser lo más generosos posible; mantener la empatía por encima de todo lo demás» y terminó con el mensaje «No todo está perdido».

Dentro de los eslabones que componen el entramado artístico, entre los más afectados se encuentran las galerías de arte y los artistas que representan. Nos resta conocer qué están haciendo hoy y cuáles son esas estrategias que están implementando de cara a la pandemia. Aventurar juicios en medio de la crisis puede ser arriesgado, pero es probable que estemos ante un cambio de paradigma. Muchas galerías no contaban hasta hoy con un modelo de negocio que pudiera sobrevivir únicamente de forma online, pues han centrado sus esfuerzos sobre todo en el espacio físico, en las exhibiciones presenciales, en la venta directa… Si bien algunas estaban preparadas para esta situación, digitalmente hablando, otras solo contaban con sus propias páginas web y redes sociales, pero más allá de esto no poseían un programa sólido que les permitiera sobrevivir como negocio en línea. La pandemia ha puesto de relieve estas carencias y ha propiciado que estas deban reinventarse en medio de la crisis misma. Una de las consecuencias, ante la imposibilidad del viaje y la asistencia a ferias de arte internacionales, puede derivar en una reconexión con el coleccionista local y que este, a su vez, apoye el comercio local.

Es un hecho que ante semejante panorama los coleccionistas han comenzado a comprar en base a imágenes en PDF de artistas que conocen de galerías en las que confían. Tanto las galerías como las casas de subastas han hecho algunas ventas significativas basadas en imágenes publicadas en Instagram. Muchos señalan el valor añadido que pueden proporcionar las salas de visualización online, pues estas favorecen la capacidad de llegar a los coleccionistas que no pueden viajar fácilmente y dan la posibilidad de dejar una huella de carbono mucho menor al eliminar los envíos y los vuelos a las ferias. Por citar un ejemplo, la Galería Sabrina Amrani, en Madrid, acoge actualmente dos exposiciones de arte que pueden ser visitadas de forma virtual: «Visión de túnel», del artista cubano Dagoberto Rodríguez, y «Cuanto más tiempo puedas mirar hacia atrás, más lejos podrás mirar hacia adelante», del creador canadiense Babak Golkar. Ambas muestras pueden ser apreciadas en un recorrido en 3D con su correspondiente texto crítico, lo cual se está convirtiendo en el principal medio de exhibición virtual haciendo el consumo lo más interactivo posible.

La teoría y la praxis nos demuestran que en estos momentos el arte y la cultura recorren caminos llenos de incertidumbre, pero de profunda transformación y creatividad. Quizá es demasiado pronto para lanzar hipótesis o sentencias en un panorama tan cambiante como en el que nos encontramos, por ello este acercamiento solo ha pretendido mapear someramente el entramado artístico de nuestro tiempo enclavado en el aquí y ahora y; describir a grandes rasgos los giros que a nivel de pensamiento y prácticas artísticas están teniendo lugar en un contexto marcado por la pandemia. Hoy más que nunca nos centramos en el presente, el futuro ha sucumbido ante la urgente paralización mundial. Le resta al arte sobrevivir bajo las nuevas premisas y así pasar a la historia siendo, como siempre lo ha hecho, el registro visual de su tiempo.

[1] Y. M. Lotman. La semiósfera. La semiótica de la cultura. Madrid: Cátedra, 1996.

[2] Byung-Chul Han. «La emergencia viral y el mundo de mañana», en Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia, editorial ASPO, p.97-112, 2020.

[3] Ibídem.

[4] David Harvey. «Política anticapitalista en tiempos de COVID-19», en Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia, editorial ASPO, p.79-96, 2020.

[5] Slavoj Žižek. «El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill…», en Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia, editorial ASPO, p.21-28, 2020.

[6] Entrevista a Pablo Amadeo para Télam, Agencia Nacional de Noticias.

[7] Rafael Spregelburd. «El año del cochino», en La Fiebre, editorial ASPO, p. 89-118, 2020.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s