“Artist or Vandal”: Banksy como figura de la exclusión

Hoy día uno de los creadores más relevantes dentro del circuito del arte contemporáneo internacional es el británico Banksy.  Su irrupción en los predios del arte se ha visto definida por un espíritu contestatario que ha hilado su discurso ético y estético. Su obra ha sido exhibida en múltiples ciudades, entre ellas, megalópolis como New York; la cual luego de albergar en sus muros las pintadas del grafitero norteamericano Jean Michel Basquiat, ahora se ha convertido en receptáculo de las travesuras de Banksy. El recinto de IFEMA, en Madrid, se encuentra a punto de cerrar una muestra personal de Banksy, ciudad de Madrid acoge en la sede de IFEMA (6 de diciembre al 10 de marzo) la cual bajo el título de Artist or Vandal, incluye pinturas originales del autor, así como esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías; a la par que define una de la principales problemáticas clasificatorias a la hora de describir la producción del citado creador.

Muchos entendidos del mundo de arte actualmente hablan de la figura de Banksy como uno de los artistas más transgresores dentro de las expresiones del arte callejero. Para sustentar dichas valoraciones utilizan argumentos que se basan en el aura mística que envuelve a la figura del artista debido al desconocimiento de su identidad; y al componente ético que caracteriza sus obras, generalmente de crítica política y denuncia social. Dicha estrategia que a lo largo de la etapa inicial de su trayectoria artística realmente significó un giro de tuerca dentro del panorama del street art, actualmente ha perdido esa efectividad primigenia en la misma medida en que la institución arte, esa a la que el artista denuncia férreamente, lo ha acogido dentro de su círculo, como habitual estrategia para disminuir el impacto del discurso de Banksy.

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Girl and Soldier (2005)

El teórico alemán Iuri Lotman, desde su ámbito de la semiótica describe muy bien este proceso a partir de su definición de semiosfera como representación de la cultura, con sus fronteras, sus intercambios, sus traducciones, sus límites. Precisamente la semiosfera conformada por el mundo del arte comenzó a estar en contacto directo con una nueva semiosfera, en este caso el universo creativo de Banksy. Ambos mundos, si bien no hablaban el mismo lenguaje, comenzaron a integrarse en una relación de absorción que terminó por hacer parte el uno del otro. Nos referimos a esa manera en que tanto críticos, curadores, coleccionistas, galerías, etc. han contribuido a que la obra irreverente de Banksy cada día más vaya perdiendo ese carácter contestario, no por el mensaje que en ellas se expresa, sino por el impacto que a nivel institucional van causando sus intervenciones callejeras y privadas. De manera paulatina la frontera entre la institución arte y la obra de Banksy, entendida como ese espacio bilingüe de la semiosfera arte, ha traducido los elementos del mundo alosemiótico de Banksy, y con ello han ido pasando desde la frontera hasta el núcleo mismo del arte. De ahí que hoy día cuando se menciona el nombre del artista quede asociado a exhibiciones en importantes galerías, a reconocidas casas de subastas y a grandes nombres de coleccionistas.

Hablamos de la misma relación que a lo largo de la historia del arte se ha venido manifestando entre el arte de vanguardia y el académico, el neoclasicismo y el romanticismo. Ha sido una manera de entenderla desde un pensamiento estructuralista que la organiza en pares binarios para definir un conjunto de expresiones artísticas que convivieron en un mismo marco temporal y que discursaban conceptual y formalmente de maneras diversas: bueno/maldito; academia/vanguardia; figuración/abstracción. Siempre la institución arte ha optado por, tras un periodo de resistencia y rechazo férreo -el cual a su vez le otorga un aura e importancia al artista/obra en cuestión como figura de la exclusión-, posteriormente integrarlo para así favorecerse tanto de la relevancia que ha adquirido el artista, como para disminuir ese impacto contestario que durante mucho tiempo había criticado a la propia institución arte. Precisamente la exposición que realizara en Bristol en 2009, titulada Banksy Versus Bristol Museum pone de manifiesto esta relación de amor/odio que retroalimenta al artista y la institución. Para dicha muestra se llegó a cerrar el centro durante tres días en los que el creador pudo montar en secreto su exposición. La ironía de exponer financiado por la misma institución que le había perseguido le hizo declarar: «este es el primer espectáculo que monto en el que el dinero de los contribuyentes se utiliza para colgar mis obras en vez de para borrarlas».

Es esta una relación compleja y a la vez perfectamente rastreable por los patrones comunes que se detectan en la producción artística de varios creadores. Con Banksy sucede lo que con el también artista británico Damien Hirst, en el sentido de que sus obras se han visto favorecidas económicamente por  la inflación del mercado del arte, si bien a partir de estrategias discursivas diferentes. Dicho mercado, -“el mercado más grande no regulado del mundo”, como afirma Robert Hughesen- en la misma medida en que le otorga un alto valor monetario a sus piezas, las convierte en producto para el consumo. De ahí que no sea de extrañar que la presente exposición de Banksy, Artist or Vandal, haya sido organizada a partir más de 70 obras originales cedidas por coleccionistas privados internacionales, con la colaboración de Lilley Fine Art y el Contemporary Art Trader Gallery. Entender “el arte como mercancía”, como bien enunciara en homónimo escrito del año 1936 el teórico Walter Benjamin, se ha convertido en una de las maneras primordiales del mercado. Según el teórico alemán la muerte del aura implica el triunfo de la mercancía; lo cual supone una formalización radical y un vaciamiento de la dimensión trascendente que permite la utilización del arte, ya sea para fines políticos, como económicos. Ello tiene lugar sobre todo cuando el precio de la obra se transforma en su función. Es decir, los coleccionistas adquieren no a partir de una valoración estética, sino a partir de la expectativa de futuras ganancias.

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Mona Lisa con lanza granadas

Así sucede con la mayoría de las piezas de Banksy; aunque es necesario resaltar que el creador ha insistido en hacer público su arte desde el propio momento en que ha elegido como soporte los muros, la ciudad la ha convertido en mapa para dibujar sus inquietudes. Ello entorpece en cierta medida la posibilidad de coleccionar sus obras; sin embargo, aquí interviene otro factor polémico dentro del mundo del arte, que es el valor de la reproducción como estrategia de masificación del arte.  No obstante, el artista ha llevado a cabo acciones puntuales para desafiar dicha inflación del arte. Pudiera mencionarse el video que colgó en su página web donde un comerciante ambulante vendía sus obras originales por el precio de 60 dólares. El vídeo, que está minutado, comienza a las 11.15 am y no es hasta las 13:30 que se produce la primera venta. Se trata de una señora que adquiere dos pequeños lienzos para su hijo, aunque no se lleva las obras sin antes negociar su precio. Finalmente las consigue por un 50% menos de su valor. La segunda venta se produce media hora después a una joven de Nueva Zelanda. En este caso, la chica se lleva dos lienzos, esta vez sin regatear. La reacción del vendedor es tan efusiva que acaba dándole dos besos a la compradora, quien se va contenta con la mercancía, desconociendo el valor real de las obras de arte que acaba de adquirir. La última transacción se produce una hora y media más tarde. El comprador es un hombre de Chicago que está decorando su casa: “Yo solo necesito algo para poner en las paredes”, explica. En esta ocasión el vendedor, que se muestra igual de efusivo que con la chica de Nueva Zelanda, logra venderle cuatro de los lienzos de Banksy. El vendedor ha obtenido en total 420 dólares por la venta de todos los cuadros.

Este es solo un ejemplo puntual, pero asimismo, en internet -picturesonwalls.com- Banksy vende grabados por 500 libras. Estos ejemplos manifiestan por un lado la manera en que el creador sigue creyendo en el arte accesible, interesado porque llegue al público de la manera más directa posible; pero a su vez ponen de relieve el valor que ha adquirido la  firma autoral como sustituta del valor estético y/o conceptual de la obra; así como la importancia que el espacio exhibitivo le otorga a las piezas, cargándolas de sentido artístico y valor económico.

En ese discursar sobre la esfera de lo artístico una de las zonas más interesantes de la producción artística de Banksy es su regodeo en torno al concepto de arte y la manera incisiva en la que socava a la institucionalidad. Antecesores como Marcel Duchamp ya se habían encargado de darle un vuelco irrevocable al arte en este sentido; sin embargo Banksy continúa la tradición duchampiana en una sociedad contemporánea que aún se continúa escandalizando cuando en los museos más tradicionales aparecen parodias de obras de arte clásicas. Son conocidas sus intervenciones en relevantes museos como el MOMA, el Museo Metropolitano de Arte, el Museo de Brooklyn, el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York y el Museo Británico de Londres; en cuyas paredes han aparecido obras de Banksy colgadas de manera clandestina, con una placa con el nombre del autor y una explicación. El gesto del artista que se traduce en la acción performática de ir disfrazado como un anciano inglés y colgar a escondidas las piezas físicas en los museos, tiene un componente subversivo bajo un tono de burla y sátira.

En uno de sus famosos stunts (actos-atentado) colocó una rata disecada y pegada a un cartel en el Museo de Historia Natural de Londres. Por otro lado, una pieza de aparente arte rupestre que incluía un carrito de supermercado en una escena de caza apareció en el Museo Británico; y el retrato de una mujer de época que llevaba una máscara anti-gas la colocó en el MOMA de Nueva York. Sus intenciones con dichas acciones quedan perfectamente resumidas en su alegato: “El arte no será ni la belleza ni la novedad, el arte será la eficacia y la perturbación”. “Esta ocasión histórica tiene menos que ver con ser finalmente abrazado por el establecimiento del arte y tiene más que ver con el uso juicioso de una barba falsa y un poco de pegamento de alta resistencia”.

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Girl with a pierced

Ciertamente el artista se ha interesado por repensar las dinámicas del arte desde un lenguaje subversivo, en la misma medida en que ha utilizado grandes obras maestras como soporte de sus pinturas, como referentes (in)alterables. Ello queda evidenciado en su representación del “David”, de Miguel Ángel, al que agregó un chaleco antibalas; o en “Los Girasoles”, de Van Gogh, dibujados totalmente marchitos. Su intención de reciclar reconocidas piezas de arte para desacralizarlas describe la manera en que Banksy entiende el arte como pretexto para comunicar inquietudes personales y sociales. De hecho, su producción más escorada hacia la denuncia social y política, cultura pop, moralidad y etnias, así lo manifiesta.

El artista ha llegado a un amplio público y muy heterogéneo, sobre todo con sus grafitis en muros y sus esculturas colocadas en ambientes altamente frecuentados; como la que realizó a escala humana de un preso de la cárcel de EE.UU en Guantánamo, colocada en medio de Disneyland, en California. Hablamos de un artista versátil que se ha movido por el mundo dejando su huella también en los lugares más conflictivos y peligrosos, como lo es el Muro de Cisjordania. Dicho “Muro de la vergüenza” alberga, desde agosto de 2005, varios grafitis pintados por Banksy donde denuncia las atrocidades de la guerra en lo que para Banksy supone la mayor cárcel del mundo al aire libre.  Sus grafitis en esta ocasión se centraron en reflejar una larga lista de mensajes en contra de lo que en ese lugar acontece. Las imágenes de niñas intentando escapar del muro mediante globos, o las de un cielo azul y paisajes maravillosos que se cuelan a través de pequeños huecos, ejemplifican el compromiso social del artista que ya se podía percibir en sus primeras pintadas cuando llenó de ratas los muros de las calles de Bristol, las cuales servían como instrumento a sus críticas burlonas hacia el sistema. Influido, entre otros, por la banda de punk Crass, y por el movimiento Ad Jammmers, basado en deformar imágenes publicitarias y transformar así el mensaje original de las mismas, su obra ha buscado siempre la crítica social y moral, de forma irónica y satírica, utilizando la escritura, la técnica del stencil y el grafiti. Y sí que lo ha logrado, pues nunca han pasado inadvertidas sus ratas escuchando música,  o sus imágenes en buzones de correos, alcantarillas y portones, donde continúa criticando las hipocresías sociales. Su creación “Desnudo” todavía puede verse en el muro de la clínica de Park Street, donde aborda el tema de las enfermedades sexuales. Mientras que creaciones tan conocidas como la de los policías que se besan, la Mona Lisa con bazuca, o los indígenas perseguidos por un carrito del súper, le sacan una carcajada al público más abierto, a la par que el más reacio y conservador aprecia en dichas obras insultos, blasfemias y alteraciones del “orden establecido”.

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Cosette

Artist or Vandal reúne ese espíritu contestario de Banksy, un artista que  ha sobredimensionado el arte del grafiti hasta niveles más interactivos, como el que realizara sobre un tablón de madera en la fachada de la Embajada de Francia en Londres.  Allí  plasmó a Cosette, la niña del cartel del musical Les Misérables, con la bandera francesa rasgada a sus espaldas y lágrimas en sus mejillas causadas por un bote ficticio de gases lacrimógenos. Un código QR en la parte inferior de la pieza conduce a un vídeo en Youtube que muestra a la policía usando gases lacrimógenos para desalojar el campamento en Calais, el mayor campamento de refugiados de Europa. De esta forma el creador ingeniosamente se acerca a la historia contemporánea de Francia y a la situación que hoy vive la comunidad europea respecto al tema de la inmigración. Utilizando como referente el título y representación icónica de una de las grandes obras literarias del siglo XIX, junto a los lenguajes más tecnológicos del arte; Banksy una y otra vez pone el dedo sobre la llaga y lo hace con esa inteligencia y picardía conceptual que le caracteriza.

A pocos días de finalizar la aludida exhibición y de abrir las puertas la mayor feria de arte contemporáneo de EspañaARCO 2019-, Madrid sigue apostando por convertirse en una de las grandes capitales del arte. La muestra de Banksy se convierte en termómetro que describe el espíritu convulso que vive el arte hoy. Esperemos que ARCO 2019 complemente el escenario con las obras que acogerán sus galerías, desde una perspectiva inclusiva, heterogénea y sobre todo que ponga sobre la palestra las dinámicas por las que transita el arte actual.


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