Doris Salcedo…cuando los silencios hablan

Gotas de agua que van tomando forma y configurando nombres que aparecen y desaparecen con cierta regularidad. Pasos lentos, miradas incisivas, un silencio envolvente… Es esa la atmósfera que encierra el Palacio de Cristal del Buen Retiro de Madrid desde este mes de octubre y hasta el venidero mes de marzo. La responsable de la transformación que ha tenido lugar en este espacio es la artista colombiana Doris Salcedo (Bogotá, 1958), quien ha emplazado allí su muestra más reciente titulada Palimpsesto[i].

Palimpsesto es el fruto de cinco años de trabajo intelectual, el resultado de un equipo interdisciplinar liderado por Doris Salcedo, donde sus integrantes todos han tenido semejante protagonismo en la puesta en práctica de la obra. Resulta casi imposible estando una vez dentro de la pieza misma el no preguntarse por el cómo. Su cuidada hechura despierta una intensa curiosidad. La penetración de la tecnología en el mundo del arte, perfectamente teorizada desde el siglo XX por Walter Benjamín, corrobora la tesis de dicho teórico alemán al poner de manifiesto cómo cada vez son más difusas las fronteras entre el arte y la ciencia; en fin, entre el arte y la vida.

Palimpsesto (2017) Doris Salcedo

De la idea al hecho, de la filosofía a la tecnología, Palimpsesto nos hace preguntarnos sobre el cómo lograr semejante puesta en escena, teatral y sobrecogedora: un secreto que solo dominan sus creadores. El Palacio de Cristal acoge entonces un environment de grandes dimensiones, convertido por seis meses en una suerte de memorial que hace justicia a esos héroes anónimos que perdieron su vida escapando de sus países natales en busca de un futuro mejor en tierras europeas. En un arduo trabajo de reconstrucción de la historia, Salcedo, a partir de fragmentos de historias personales, compone una universal, a raíz de una problemática que atraviesa a la humanidad toda desde su surgimiento. La migración, motivada desde sus orígenes hasta hoy por disímiles causas, es una cuestión política y social, cuyo impacto no puede/debe desatenderse.

El viaje de Doris desde su Colombia natal hasta España para presentar su obra es una metáfora de la travesía a la que hace alegoría la artista en Palimpsesto. Si bien exhibe su obra en Madrid en respuesta a la solicitud que le hiciera Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, tras ganar la artista el Premio Velázquez en 2010; con su traslado hasta la capital española para exhibir dicha obra pone el dedo sobre la llaga. En el centro de una de las grandes capitales europeas -de las ciudades más atractivas para la emigración-, Salcedo expone ante las esferas de poder y desde los predios del arte la importancia de un asunto ético más que estético; político más que apolítico. Haciendo uso de esa capacidad intrínseca del arte de hacer circular con un lenguaje estético reflexiones sobre problemáticas universales, la artista colombiana una vez más nos atrapa con una obra ya mítica, como lo fuera Neither expuesta en Londres en 2004, o Shibboleth, la grieta cuya cicatriz pervive en la Tate Modern.

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El título de la muestra describe la configuración misma de la obra, en tanto la figura del palimpsesto puede verificarse en el envirnonment, lo mismo a nivel estético que conceptual. La pieza de Salcedo, penetrable en todos sus sentidos (espacial, sensorial), está compuesta por una superposición de nombres grabados en placas de arena y materiales tratados con nanotecnología. Son nombres de desconocidos, los nombres de esos “innombrables” que tras una recia investigación de archivo aparecieron como víctimas del naufragio, del olvido, de sus sueños rotos. Conviven en la obra nombres de ciudadanos del mundo, provenientes de disímiles, países aunados por la esperanza de la búsqueda de una vida mejor. Precisamente el rescate de sus nombres y con ello el reconocimiento de esas miles de personas que en los últimos años han perecido en el intento, se convierte en punto de partida para la reflexión de una artista más que preocupada, diríamos ocupada por, desde el arte, sacar a la luz pública problemáticas concernientes al individuo común. Palimpsesto se convierte en una gran metáfora del dolor, de los sueños truncados, de los deseos proyectados; pero a la vez de la transitoriedad de la vida, del poder…

La fragilidad de la pieza es un factor clave, pues establece un franco contraste para con el tema abordado. El minimalismo y sutileza con que ha sido presentada describe una crudeza y frialdad para reflexionar sobre el tema de la migración; pues ante la violencia y lo trágico del tópico, la artista antepone un arte convertido en filosofía, al más puro estilo hegeliano. No obstante, y atendiendo al rol del espectador de completar de sentido cada obra de arte como proceso primordial de la hermenéutica, la pieza de Salcedo despierta asimismo tristeza, sobrecogimiento y cierta paz al visitar estos “epitafios” para quienes se fueron de este mundo sin un reconocimiento digno, sin una tumba propia. Salcedo los hace salir del anonimato al que estaban destinados, perdidos en esa masa indefinida de emigrantes que nunca llegaron a su destino, traducidos en números y en estadística, para darles un alma y con ello una paz espiritual.

Palimpsesto. Doris Salcedo

El gris de las planchas de arena funciona como metonimia de sepulcros dignos para esas personas que de la última travesía de sus vidas pasaron al olvido. Además, el agua que dibuja los nombres, componente esencial de la obra, se convierte en signo que subraya con tan poco pero a la vez tan profundamente la tragedia descrita. Es el agua la que dibuja a la par que desdibuja los nombres de los difuntos; pero a la vez es el agua la que ha unido el destino de estos hombres y mujeres, quienes han sucumbido ante una de las tres fuentes del sufrimiento humano, según Freud: la supremacía de la Naturaleza. Ciertamente el agua que efímeramente dibuja los nombres de los emigrantes fallecidos en su travesía marítima, lo mismo pudiera aludir a esos mares donde perecieron, que a las lágrimas derramadas por sus seres queridos tras las tragedias acontecidas.

Insistiendo a lo largo de su trayectoria artística en la “poética del dolor”, Salcedo nos presenta Palimpsesto como parte de ese ciclo de reflexiones; aunque en esta ocasión se sale de su Colombia para hablar de cuestiones de índole universal. Una vez más la creadora latinoamericana apuesta por un quehacer artístico que coquetea con la ética y la estética. Porque, como bien citara Salcedo en una entrevista que le fuera realizada a propósito de la exposición, “Decía Jean Améry que la estética en la muerte nos remite a la ética en la vida”.

[i] Doris Salcedo. Palimpsesto. Palacio de Cristal del Retiro. Madrid. Del 6 de octubre de 2017 al 1 de abril de 2018.


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