Conversación infinita para una “Composición infinita”

A lo largo de las ya celebradas doce ediciones de la Bienal de La Habana la nómina de creadores se ha visto acrecentada y renovada, siguiendo los pulsos y transformaciones que acontecen en el mundo del arte contemporáneo. Lamentablemente su próxima XIII edición ha sido pospuesta; sin embargo bajo el slogan “De lo oficial a lo inescrupuloso” un grupo de artistas se ha nucleado para llevarla a cabo del 5 al 15 de mayo de 2018. El Museo de Arte Políticamente Incómodo  la ha titulado “#00Bienal de La Habana”, un evento de libertad temática, pensado para los espacios independientes (estudios, talleres), zonas públicas susceptibles a ser tomadas, así como para otras áreas más flexibles en su estructura, como lo puede ser la red de redes.

A la espera de la venidera edición vale recordar aquellos proyectos que han engalanado la avenida del malecón habanero, hoy destruida tras el paso del huracán Irma. Especialmente la joven artista cubana Rachel Valdés ha sido una de las creadoras que ha tenido presencia en el proyecto Detrás del Muro, primero con su  intervención pública Happily Ever After, una pared de espejos de dieciséis metros de largo, y luego con “Cubo azul”, y ya en la sede la La Cabaña con un environment que estimulaba los sentidos, titulado La Composición Infinita.

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Rachel Valdés hace de su praxis artística un proceso de investigación vinculado a experiencias reales, con un fuerte componente autorreferencial. El placer de la hechura de la obra es altamente apreciado por la artista, quien disfruta al máximo lo mismo cuando pinta sobre un lienzo, que cuando aprieta el obturador o se aventura a la realización de grandes instalaciones. Generalmente sus propuestas estéticas están conectadas a objetos e imágenes provenientes del mundo fáctico, en los cuales se hace latente la disyuntiva que el ser humano experimenta a partir de los diferentes niveles de realidad de los que participa.

Específicamente en su obra La Composición Infinita insistió en llamar la atención sobre la necesidad de analizar, observar y experimentar dichas realidades que diagraman la existencia del hombre en relación con el entorno. Una vez más se trata de la angustiosa dicotomía entre la vida real y la vida ideal, acentuada esta vez por un environment que sumerge al receptor en esta diatriba.  

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A propósito de La Composición Infinita se ofrece una “conversación infinita” con Rachel Valdés:

¿Cómo cree que se insertó su pieza La Composición Infinita dentro de la propuesta curatorial de la XII Bienal de La Habana, la cual, bajo el tema “Entre la idea y la experiencia” convidó a intervenir la ciudad, reinterpretar espacios y redefinir imaginarios estéticos a partir de nuevas interpretaciones en el consumo de lo artístico?

Pienso que la propuesta “Entre la idea y la experiencia” fue un buen concepto a desarrollar, considero que uno de los principales objetivos en esta Bienal fue involucrar al espectador de manera completa y poder intercambiar diálogos, percepciones, conclusiones , a través de los diferentes medios del arte, creando nuevas experiencias sensoriales. “La Composición Infinita”, es una instalación de carácter inclusivo, donde invito al espectador a introducirse dentro del propio espacio que comprende la pieza, para a partir de ahí poder experimentar las inmensas posibilidades perceptivas.

¿Cuál es el sustrato conceptual que funciona como catalizador de la pieza?

Con esta instalación hago énfasis en la experimentación sensorial de estados visuales y auditivos dentro de un espacio. Me baso en “la percepción”, en el estudio y análisis del color; cómo se trasforma, su formación a través de la luz, la existencia e inexistencia del mismo. Me gusta crear escenarios que trasladen a otra versión de esta realidad, experimentar la sensación de entrar en un environment completamente distinto, donde la perspectiva se hace incomprensible, la luz, el color, el sonido y los reflejos se apoderan del espacio, traicionándolo,  de una composición a otra. Para mí es como un paisaje, un limbo, un lugar místico y aparentemente infinito.

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¿En qué medida La Composición Infinita resume las inquietudes artísticas de Rachel Valdés?

Abarca temas constantes que me inquietan en la mayoría de mis instalaciones. La experiencia de verse a sí mismo reflejado dentro de un entorno es algo que me llama muchísimo la atención, hacer que el espectador se convierta en un directo interlocutor, que incluso pase a formar parte de la pieza. Considero que la repetición de un elemento o su reflejo evoca un acto contemplativo de reflexión hacia el pasado y el presente, es como una materialización del paso del tiempo; donde muchas veces hago referencia a la disyuntiva entre las distintas realidades que conforman la vida del ser humano, lo mental y lo físico, lo objetivo y lo subjetivo.

A partir de su experiencia en la XI Bienal de La Habana con su intervención pública Happily  Ever  After como parte del proyecto colectivo “Detrás del Muro”, ¿cuál fue la acogida o recepción de, en esta ocasión, su obra La Composición Infinita?

Con la pieza Happily Ever After expuesta en la pasada Bienal de La Habana tuve la posibilidad y experiencia de poder compartir con todo tipo de  público, siendo entendedor de arte o no, se creó un amplio y diverso estado de opinión, que fue algo verdaderamente enriquecedor. Dicha pieza representó una parte importante de mi trabajo.

En el caso de esta nueva instalación, ciertamente no dejó de ser un enigma. Cada una de estas piezas se desarrolla en gran parte a través del espectador, pero es algo que nunca se sabe hasta que estén puestas en su lugar de exhibición. Cada vez que se va a proyectar una obra por primera vez ante un público, pasas al siguiente y último nivel de lo que es el proceso creativo. Todo empieza por una idea, un simple dibujo y a partir de ahí comienza la materialización de la pieza en sí, la producción, luego el montaje y por último  la puesta en escena, que es de los momentos más excitantes de todo este proceso. Poder compartir con la gente de manera directa  y lograr una interacción y un diálogo constante es de los fines más persistentes que siempre tengo. También poder continuar con mi discurso sucesivamente con cada una de estas obras de carácter público.


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