Prólogo para un futuro arte contemporáneo cubano

Sin dudas el arte joven de las generaciones de artistas emergentes alimenta el panorama de las prácticas artísticas contemporáneas en cualquier lugar del mundo. Generalmente dichas promociones de artistas provienen de la academia, lo cual no solo nos habla de una fortaleza a nivel institucional en el campo de la cultura; sino de una promisoria salud en el desarrollo de los fenómenos artísticos. En Cuba una institución de larga tradición que se ha encargado de formar a nuestros creadores es la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, fundada en el año 1818 bajo la dirección del pintor francés Juan Bautista Vermay, y que llega hasta nuestros días por su invaluable aporte a la enseñanza artística.

Indiscutiblemente la participación de sus estudiantes en las Bienales de La Habana ha resultado un segmento a atender dentro de las exposiciones colaterales del evento; en tanto las muestras que allí se exhiben funciona como termómetro del arte que se está gestando y pone de relieve los parámetros de calidad que en términos estéticos y conceptuales se respiran hoy dentro de la academia. Una de las muestras que da fe de ello es la curada por Toni Piñera, nombrada El hombre y su universo, exhibida en la última edición de la bienal. En ella se ponen a dialogar las obras de los discípulos con las de sus maestros, así como con la de más de diecisiete artistas latinoamericanos[i]; lo cual potencia el diálogo y desdibuja la distancia entre jóvenes y consagrados. Además, se convierte en el espacio propicio para la presentación de proyectos colectivos que como  ZIP  -el cual “pretende descomprimir y socializar procesos artísticos pedagógicos en la Academia”– aspiran a integrarse a la vanguardia del arte cubano contemporáneo.

Nube (2015) Ricardo Cárdenas

Nube (2015) Ricardo Cárdenas. Instalación

Desde las aulas y talleres activados como espacios de exhibición, junto a galerías y a la integración de las áreas aledañas al inmueble al circuito exhibitivo, San Alejandro robusteció su atmósfera artística a partir de una exposición colectiva resultante de la relación entre pedagogía y arte. La experiencia al recorrer sus espacios describe un marcado interés de los estudiantes por dialogar con el público. La exhibición por un lado permite mostrarse a los creadores más emergentes a la palestra pública y chocar quizá por vez primera con las complejidades del entramado de elementos que conforman el mundo del arte, mientras que para nosotros, -académicos, críticos, curadores, etc.- nos facilita el poder analizar las particularidades y aventurar futuros síntomas de una promoción artística hoy en gestación.

Precisamente dentro del amplio repertorio de piezas expuestas se detecta a nivel general una inclinación hacia los resortes del arte conceptual; mientras que dentro del universo de lenguajes estéticos se favorece la práctica instalativa, sin dejar de lado el tradicional óleo sobre lienzo, el dibujo y la fotografía. Asimismo se distingue cómo los creadores se nutren de su ámbito privado -muchas veces relacionado al espacio doméstico-, así como de sus conflictos y relaciones interpersonales al convertilos en sustrato conceptual de sus piezas y traducirlos en una poética más intimista. En otra dirección se comprueba la existencia de una zona de creadores que apuestan desde lo personal y anclados a su contexto físico por poner de relieve asuntos que atañen al hombre y a  su relación con los medios de comunicación masiva, con la naturaleza y con el universo en general. Otro grupo de obras sobresale por su atractivo visual y lugar de emplazamiento. Me refiero a las instalaciones ambientales Nube -del escultor colombiano Ricardo Cárdenas-, al gran alfiler que graciosamente ha quedado prendido a la fachada del inmueble y al gran cubo rosa que semeja una confitura sobredimensionada; las cuales aún hoy seducen estéticamente al transeúnte y funcionan por su apariencia seductora como antesala de la exposición.

Home run. 300x200 cm. Anthony Martínez

Home run. 300×200 cm. Anthony Martínez. Instalación.

Si bien tras un sondeo de la muestra se descubren piezas más sólidas, atinadas o acertadas a nivel conceptual y procesual que otras, para quienes provenimos del ámbito académico y trabajamos para él no dejamos de reconocer la pertinencia de El hombre y su universo, en tanto nos permite explorar en las particularidades de nuestro futuro arte contemporáneo cubano y  aventurarnos a establecer juicios y criterios; así como aquilatar su salud a partir del diagnóstico de su estado actual. Con dicha exhibición, sintomática del proceso de la enseñanza artística en Cuba, asistimos al prólogo de nuestro futuro arte contemporáneo cubano.

[i] Nómina de artistas extranjeros: Colombia (Ricardo Cárdenas, Sair García, Cristo Hoyos, Ana Mosseri, Bibiana Vélez, Fidel Álvarez, Adriana Ramírez, Olivia Miranda, Milena Arango, Juan Camilo García Walker, Charlie Alarcón), Argentina (Matilde Marín, Claudia Vivero), México (Susana de Celis, Othon Castañeda), España (Patricia Zalama), Chile (Camila Lobos), Venezuela (Miguel Herrera) Bahamas (Antonius Roberts) y Estados Unidos (Athena M. Castillo, Charles Anselmo, Peter Talbot).


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