Radiografía del grabado cubano contemporáneo

La historia del grabado cubano carece de muletas para descansar. En pleno siglo XXI se encuentra rejuvenecido, lo que deviene una característica a exaltar si se tiene en cuenta que es esta una manifestación que tiene sus orígenes en Cuba antes del siglo XIX, cuando se circunscribía, fundamentalmente, a unas pocas ilustraciones de artistas extranjeros que daban una visión exótica o apegada a las leyendas de corsarios y piratas, acerca del entorno geográfico y natural de la isla de Cuba. Realmente no fue hasta el siglo XIX que el grabado alcanzó un verdadero auge, en la medida que estaba vinculado estrechamente al desarrollo de la industria tabacalera y se empleaba como forma de ilustrar las marquillas y cajas de las diferentes marcas de tabacos y cigarros. También por esa época tuvo como soporte los diferentes diarios y periódicos que salieron a la luz con el auge de la imprenta.

En este recorrido no podrían dejar de mencionarse entonces una serie de figuras que protagonizaron el panorama del grabado en Cuba. Si bien los más importantes grabadores serían extranjeros que en muchas ocasiones echaron pie firme en tierra cubana, no se puede dejar de reconocer que el precedente sentado por  Laplante, Garneray, Mialhe y Landaluze fue sumamente sólido y de gran importancia para las futuras generaciones. Tal es así que nadie olvida la hornada de grabadores de la década del 60 y 70 del pasado siglo, cuando Antonia Eiriz, Umberto Peña, Nelson Domínguez, Tomás Sánchez y Rafael Zarza-por citar algunos nombres- ponían en alto las cualidades de esta manifestación a lo largo de la joven revolución cubana, compleja y convulsa.

A pesar de que el grabado acumuló un número considerable de premios internacionales a partir de 1983, en el patio no apareció públicamente una renovación estética hasta los primeros años de los 90. Indicadores elocuentes de este proceso innovador lo fueron las reflexiones acerca de los componentes procesuales del grabado, una especie de autoconciencia expresiva asumida con retardo -en relación con otros dominios artísticos- y el emplazamiento de todo un paradigma de valor, asentado en una vieja tradición. Así, se habla del renacimiento del grabado cubano en la década del 90 del siglo XX. En esa época aparecieron artistas recién graduados como Ibrahím Miranda, Belkis Ayón, Sandra Ramos, Abel Barroso y se habló de una vindicación del grabado. Dichos artistas salían de la academia con un discurso bien contemporáneo, pues sus obras eran de lo más vanguardista que se realizaba en el país. Ese conjunto representativo de grabadores, que se sumó a la vertiente problematizadora y al espíritu de indagación ético-filosófico que ya tenía historia en la plástica cubana reciente, fue la que en gran medida actualizó esta manifestación y sentó un nuevo precedente para los grabadores cubanos de hoy, tanto técnica como conceptualmente. Por ello pudiérase afirmar que en Cuba se han trabajado con acierto casi todas las técnicas del grabado y que actualmente existe una avanzada de jóvenes empeñados en conducirlo por los amplios caminos de la experimentación y reorientarlo desde el punto de vista formal y conceptual.

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S/T Rafael Zarza

Lo cierto es que los grabadores Frank Martínez, Octavio Irving, Osmeivy Ortega y Mabel Poblet, por citar algunos nombres, se han pronunciado en la escena artística cubana con no pocas muestras que avalan sus trayectorias artísticas dentro del ámbito del grabado cubano. Específicamente Frank Martínez (La Habana, 1972), conocido en Cuba y fuera del país como un intenso grabador obsesionado por el ritmo que el jazz ofrece como estado de lo inefable, de lo intuitivo; desde 1998 ha mostrado un interés por el proceso de la creación en el campo musical, así como por los procesos interpretativos y los instrumentos en manos del ejecutante. Se convirtieron así en motivo y fundamento de una serie de obras calificadas técnicamente como sorprendentes en cuanto calcografías.

En el año 2001 construyó su conocida serie de objetos e instrumentos vinculados a la música, en especial el pistón de la trompeta por su condición de elemento compresor, dibujado al carbón. La expresividad lo guió a su hiperbolización, a sobredimensionarlo y colocarlo en los más insólitos sitios: en las tapas de ollas de presión, en picaportes, en tanto abrelatas, accionando como propelas, destupidores, cigüeñales. En el 2002, su obsesión prevaleció, pero esta vez hacia la boquilla del saxofón, que logró expresar en magníficos grabados de punta seca que le valieron el Premio La Joven Estampa de ese mismo año. En su viaje por ciudades de los Estados Unidos, durante ese mismo año, se hizo más evidente la presencia de la música en el comportamiento y las conductas de diversos sectores sociales, lo cual sirvió para una utilización casi escenográfica de las partituras, en este caso de toques batá, sobre las que dibujó pescadores, mecánicos, estibadores, en una integración única de componentes raciales norteamericanos con instrumentos cubanos de percusión.

Mientras, para el año 2011, con gran precisión en los trazos, sus obras tienen préstamos con el dibujo. Para que veas como queda grabado y Quiero mostrarte cómo es una mordida abierta, son ejemplo de una factura de esencia dibujística, donde sus personajes destacan sobre una severa monocromía sobre fondo blanco. Trastoca así la técnica del grabado en metal con el dibujo, y en este dibujar desdibuja las fronteras entre las manifestaciones del grabado y la pintura, quizá no solo como acto de reverencia, sino que es el resultado de la vocación que comparte como grabador y dibujante. Formulados sobre una base de ascendencia expresionista, en la que los claroscuros abundan en demasía sin ocultar las excelencias del dibujo, sus grabados incitan la contemplación minuciosa, a la lectura de la ficha técnica para poder descubrir la maestría que se esconde en este hombre, capaz de jugar con la percepción humana al trastocar manifestaciones, ambas de larga tradición.

Quiero mostrarte como es una mordia abierta (2011) Frank Martinez

Quiero mostrarte cómo es una mordida abierta (2011) Frank Martínez. Grabado en metal. 50 x 100 cm

Se trata, sin duda, de una de las poéticas más vigorosas no solo en atención al grabado, sino también al arte contemporáneo insular. A partir de títulos muy provocadores con un tono imperativo y desafiante, sus piezas calcográficas responden a una estética figurativa, “complaciente”, en la que se remite nuevamente a los grupos sociales, gentes de pueblo y ambientes populares y marginales, como medio de transmisión del valor de la oralidad y otras fuentes culturales de lo popular. Con la perspicacia y visión aguda que lo caracteriza, sus títulos y personajes hacen guiños hacia el propio proceso gráfico, aportándoles un carácter lúdico. Por contraste, en Magritte, ¿esto es un grabado? pone en tela de juicio, irónicamente, el valor mismo de dicha manifestación; se regodea en los préstamos de la historia del arte para jugar con la idea flexible de lo que es un grabado. Incluso, el sentimiento de la duda lo traslada hasta el nivel técnico, cuando a ex profeso duda de su propia obra, del valor de la técnica empleada, en fin, del objeto estético. Porque Frank Martínez no permite que la crítica venga desde fuera, sino que al interior de sus piezas se adelanta en estos cuestionamientos y además los burla. Las referidas piezas son un llamado al oficio, al buen oficio, en medio de un panorama orientado las más de las veces hacia los contenidos y las ideas y, en muchos casos, hacia la originalidad desmedida, de corte efectista y simplificador.

Por otro lado tenemos a Osmeivy Ortega (La Habana, 1980), joven grabador cubano que apuesta por el diálogo del grabado con las manifestaciones más contemporáneas de la plástica. Así, su propuesta Las constelaciones del Caribe (2011) es una suerte de grabado escultórico, donde el artista, mediante la xilografía sobre papel, ha colocado en la pared tres pájaros iguales, que llevan en su pico tres íconos del Caribe: el faro de Cuba, un caballo de mar y el tercero de procedencia sospechosa, pues apenas puede distinguirse una figura, un ícono o cualquier otro referente figurativo. Esta indeterminación icónica no resulta para nada gratuita, sino que ha sido reservada a ex profeso. Como la identidad del Caribe está cada día en construcción, renovándose de acuerdo a las ideologías contemporáneas, es ese el espacio idóneo para que fluctúen los símbolos. Su propuesta desmiente las supuestas limitaciones del grabado, pues Osmeivy Ortega hace alarde de un discurso inclusivista y plural. No se detiene solamente en los placeres del oficio, sino que explora los límites del grabado y lo integra a lenguajes de otra índole, como la escultura. Saturado de las miradas que tenían encasillada esta manifestación, Osmeyvi sentencia el renacimiento de un grabado reactualizado y, por qué no, de aliento más contemporáneo. Por esta vía el artista descontextualiza símbolos, los desfamiliariza de su función originaria para convertirlos en íconos y colocarlos en un espacio galerístico, donde están, ya no en la tierra o en el mar, sino en el aire, conectados a aves que se trasladan. En este deambular, a vuelo de pájaro, del artista se infiere una poética telúrica, apegada a la visión colectiva caribeña, a la pervivencia de características comunes regionales que confluyen para describir una historia local.

Las constelaciones del Caribe (2011) Osmeyvi Ortega

Las Constelaciones del Caribe (2011) Osmeivy Ortega. Xilografía sobre papel. Dimensiones variables

Su constelación pondera la tenacidad y dedicación que exige el grabado para lograr el dominio de la técnica, pues no debe dejar de reconocerse la exquisitez artesanal de dicha pieza, donde se apuesta por un discurso insular. Así, su propuesta se aleja de lo puramente local para insertarse en plano de lo regional, de ese Caribe que tanto aclama actualmente por una comunidad artística y social, amén de las diferencias históricas, lingüísticas y de identidades plurales a su interior. Su poética adquiere una mayor dimensión, se expande más allá de los márgenes de Cuba y resulta representativa de la larga tradición de la disciplina gráfica caribeña, sobre todo la  de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

Si sumamos a este breve panorama del grabado contemporáneo cubano a Octavio Irving Hernández Jiménez (Santa Clara, 1978), como probaremos cómo esta manifestación  demuestra que le resulta trasnochada la época de los grandes relatos, de un arte cubano sumamente contextualizado, cuestionador del medio donde se desarrolla. El artista prefiere regodearse en el hecho estético, disfrutar del grabado en su puridad. Trabajar con rigor es la única idea que se mantiene en su cabeza, poco le importa si lo entienden o no, él se complace en el acto de crear, desprendido de lecturas políticas. Lo seduce el ambiente en que se desenvuelve, por ello graba su arquitectura y la influencia en ella del paso del tiempo. Sus calcografías de la serie A veces perdiendo se gana no son ingenuas, sino seductoras.  Representan fragmentos de edificaciones que, por la naturaleza del propio material con que el artista ha trabajado, -planchas de hierro erosionadas y entintadas- denotan pobreza y destrucción. Y aquí radica precisamente uno de los valores del quehacer de Octavio: su capacidad de explotar al máximo las cualidades del material para apoyar su discurso estético-conceptual. En él la estética del reciclaje renueva el grabado, lo actualiza y a la vez se regodea en la poética del Arte Povera. Reciclar resulta la palabra clave de sus creaciones. El grabador vuelve una y otra vez sobre las preguntas, redunda hasta nunca cansarse en los conceptos y las formas que lo identifican. Demuestra entonces la capacidad múltiple que posee el grabado para actualizarse, en su inagotable riqueza técnica y de materiales.

De la serie A veces perdiendo se gana (2011) Octavio Irving

De la serie A veces perdiendo se gana (2011). Octavio Irving. Plancha de hierro erosionada y entintada. 100 cm x 74 cm

Irving grita abiertamente que la ciudad de Garaicoa ha llegado también hasta el grabado con nuevos aires, que nada es nuevo en este mundo, y que las potencialidades de sus obras son infinitas. Pone en evidencia que, como mismo lo entiende Frank Martínez, el dibujo es una manifestación maleable, ajustable, una técnica que manipula el grabador a su antojo, para poner de relieve, sin rubores, los puntos de contacto que existen entre las manifestaciones de la plástica. Ello puede corroborarse en varias de sus obras en las el trazo semeja dibujos al carboncillo. Sumamente expresivos, los fragmentos arquitectónicos cobran vida, un aliento expresionista que sobrepotencia su significado. Posee Irving un discurso referente a la persistencia en la memoria de los objetos y sus formas transformadas. Vuelve una y otra vez en el devenir social, a partir de símbolos o elementos portadores del paso del tiempo y del cambio de las generaciones. Octavio, quien se acuña como poco tradicional en su estilo y técnicas, demuestra  precisión a la hora de elegir el formato, los colores y la forma de expresar cada idea. Y esas reflexiones subrayan sus hechos, pues aunque sus trabajos rondan la experimentación, la convicción de identificar ciertos íconos en las composiciones, se hace una arista sólida e invariable en sus muestras.

“También me atrae el perfil de la arquitectura como muestra del pasar de los años, del cambio, de las marcas de la sociedad[i]. Esto comenta Octavio Irving, y aunque confiesa no tener preferencia por ninguna técnica del grabado en particular, explota aquellas que le brindan riqueza en la matriz. Recurre entonces, en la mayoría de sus creaciones, a la calcografía y la colagrafía: “Ciertamente suelo trabajar más con la calcografía en metal y la colagrafía. En el grabado en metal he realizado varias obras partiendo sobre todo de lo atractivo de la matriz, el soporte, la plancha de metal. Para mí este material expresa una conexión con otros que se han hecho habituales en mi entorno. En los sitios donde viví durante años, en el Este de La Habana, proliferaron las construcciones alternativas de acero y metales reciclados, y esta visión del ambiente influyó en mis elecciones del soporte[ii].

La atracción del artista por experimentar con la cualidad del grabado como obra múltiple, sobre todo en la serie Persistencia de las formas, llama sobremanera la atención. También ha trabajado la técnica de la colagrafía, específicamente en la serie que obtuvo el premio La Joven Estampa, 2007. En ella se aprecia la técnica impecable con que desarrolla un concepto cargado de sentidos, en el que se lleva a cabo un notable juego de la transformación. El carácter serial en su rutina como grabador queda sobredimensionado y es un arma de lucha, de burla. El grabado rompió con el mito moderno de la originalidad de la obra de arte y eso Irving lo sabe y aprovecha muy bien. Esta supuesta debilidad la reutiliza para regodearse en el acto mismo de la creación.

De la serie Persistencia de las formas (2007) Octavio Irving

De la serie Persistencia de las formas I (2007) Octavio Irving. Colagrafía. 73 x 45 cm

Finalmente como representación femenina tenemos a Mabel Poblet (Cienfuegos, 1986), quien ha trabajado puntualmente el grabado a lo largo de su trayectoria artística. En su pieza Constelación (2011), por ejemplo, sobresalen reiteradas referencias  a su cotidianidad y sobre todo a su mundo vivencial más íntimo, en esta ocasión el de la niñez. Su proceder se asienta en el uso de una imagen estándar cuya repetición modular configura el motivo último de representación, a manera de un gran mosaico o rompecabezas de aliento instalativo. Es de esta manera que su yo más recóndito y escurridizo sale a la luz  a través de reflexiones de tipo metafísico, como se deduce desde el propio título de la obra.

Su huella referencial se presenta de manera explícita a través de la presencia de su propia imagen física como modelo de representación. Yuxtapone su fisonomía de niña para conformar un entramado aparentemente dislocado, sin una lectura específica. Otro elemento distintivo resulta la incorporación de la grafía a manera de rompecabezas. Nada tiene un orden lógico, no hay sintaxis, “no hay mensaje”. Son letras dispersas que se mezclan con las fotografías de su niñez -reiteradas una y otra vez- sin interesarle una historia lineal, sino que aclama por el caos visual y la ruptura comunicativa desde el plano lexical. Son textos alusivos a las reminiscencias del subconsciente que, a manera de la famosa fórmula de cadáver exquisito, convocan a un sinsentido, a un sentimiento de sospecha sumamente atractivo. Sus giros lingüísticos los exhibe mediante una sopa de letras para que, al final, cada quien componga su historia.

El operar con la idea de la apariencia junto a la de percepción son recursos que la artista explota sobremanera en esta pieza. ¿Cómo ello se pone de manifiesto? Su dinámica consiste en trastocar la idea de una lectura primera, de ese espectador amante del detalle, que busca insaciablemente la belleza de lo manufacturado; con una segunda lectura, mucho más distante de la pieza. Su potencial se reserva para ese instante en que el receptor avispado se aleja de la obra, pero aún prendido de ella continúa mirándola. Entonces descubre que está ante la presencia de una nueva pieza, resultado de una metamorfosis que varía de acuerdo a la posición que el espectador se coloque.

Constelaciones (2011) Mabel Poblet

Constelación (detalle) (2011) Mabel Poblet. Acero y serigrafía sobre acetato. Dimensiones variables

De esta manera la artista potencia su propuesta artística a partir de la desfamiliarización del objeto foto y su conversión en rostros de héroes de Cuba. Porque son las imágenes de estas personalidades las que aparecen representadas  en toda su magnitud, inmortalizadas en esferas que componen a la vez toda una constelación. Esa es la constelación de Mabel, en la que  se desdibujan las fronteras entre experiencia personal y la historia de su país, en la que se descontextualizan las imágenes de los héroes, pues ahora penden de hilos y son íconos del pasado que marcaron una huella. Constelaciones y generaciones, la una más metafísica mientras la otra más terrenal, son términos que lexicalmente establecen un juego consonántico. Y esto para nada es gratuito, porque pudiera especularse sobre el trasfondo de la obra, su significado; no obstante, se potencia un discurso camaleónico en el que el recurso de la mutabilidad es esencial para su deconstrucción.

Se produce un interesante diálogo entre dos estadíos narrativos básicos. Aquí el arte funge como ese espacio donde se pueden reactivar las utopías de lo improbable, donde la artista coloca su sentir más profundo para hacer confluir su figura con la de los jóvenes héroes de la revolución. Sin dudas comparte ideas, intereses, opiniones, pues se siente parte del impulso arrollador de esa generación histórica y lo refleja a través de una feliz comunión entre la imagen apologética de los líderes revolucionarios y la suya propia.

Como metonimia del mito de la serpiente que se muerde la cola, los diferentes niveles narrativos de la obra se superponen, pero a la vez se confunden en lecturas confusas, que provocan un sentimiento de extrañamiento que a la vez te seduce y te invita a detenerte mucho más para descifrar sus significados. Quizá lo más significativo de esta obra es lo que no se dice, o mejor, lo que no se ve a simple vista. Todo aquel que se acerque fugazmente a la propuesta de Mabel no la habrá visto. La joven artista espera por un espectador que escudriñe sin medida, que dedique un tiempo prudente al acto de la percepción. Porque el factor tiempo constituye una preocupación constante en la poética de Mabel. El cálculo o la medición del tránsito y su relación con las mutaciones temporales colocan su propuesta en una cuerda floja, donde el hilo tensado constituye el eje estabilizador o desestabilizador sobre el que se sostiene la obra.

Constelacion (2011) Mabel Poblet

Constelación (detalle) (2011) Mabel Poblet. Acero y serigrafía sobre acetato. Dimensiones variables

La obra de Poblet se manifiesta sumamente postmoderna -aunque este término se encuentre en conflictividad entre muchos de los entendidos del arte- en la misma  medida en que conjuga, sin dicotomía alguna, maneras de hacer diversas y quizá contrastadas. Utiliza la belleza de la manualidad, del detalle artesanal y simultáneamente emplea materiales industriales (acero, acetato) que le otorgan a la obra altos niveles de contemporaneidad. Sin dejar de mencionar que conjuga manifestaciones disímiles –instalación y grabado- para decirnos que las fronteras hace mucho tiempo que se han eliminado, que el grabado debe renovarse, que hay que desprenderse quizá de los convencionalismos a ultranza de los para apostar por la hibridez que tanto caracteriza hoy al arte cubano. Una vez más se diluyen las diferencias anquilosadas entre el par academia/vanguardia, pues ya, en los niveles que se encuentra el arte cubano de hoy día, resulta inoperante establecer estas dicotomías. El arte cubano afortunadamente se encuentra plagado de estas fusiones que bien conoce Mabel, porque ya todo ha sido absorbido y pasado, como diría el buen cubano, por el mismo colador.

Lo cierto es que todos estos artistas triunfan en su  liberación del medio expresivo y en la superación de cualquier purismo en el quehacer plástico. Demuestran que las potencialidades del grabado son plurales, que los lenguajes son disímiles y maleables. Unos están más apegados a la continuidad de la vuelta al oficio noventiano, mientras que otros experimentan con las estéticas más contemporáneas como la instalación y el collage. Pero al final, para ellos nada tiene que hacer la crítica, la suerte está echada.

Esta generación de grabadores sin dudas le otorga al grabado cubano aires de altos cotos. No solo explotan amplias posibilidades de exploración técnica para el grabado, sino también un universo de realidades fragmentadas, cuestionamientos y reflexiones disímiles. La novedad convive con la tradición sin dicotomía alguna. Sus obras nos recuerdan que no por antiguo el grabado ha podido ser sustituido, no por pretérito la actualidad ha podido apartarlo de un brochazo, no por aparentemente asfixiado en sus limitaciones técnicas ha podido ser mirado desde una moderna superioridad. Incapaz de prescindir del grabado, la contemporaneidad lo asume y lo aprovecha en su evocadora multiplicidad. El camino a seguir por esta manifestación, es todavía muy ancho, y así lo demuestran estos jóvenes creadores que se insertan al patio.

[i] Comprometido con el arte. Disponible en www.uneac.com Consultado el 2 de septiembre de 2017.

[ii] Ibídem


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