De Niels Reyes y sus demonios…

Hoy día resulta si bien no una excepción, sí una irregularidad el hecho de que jóvenes artistas cubanos se inclinen por la convencional pintura al óleo, e incluso por géneros tan tradicionales a lo largo de la historia del arte como lo es el retrato, utilizados ambos como lenguajes expresivos contemporáneos. Resulta atendible cómo en medio de la vorágine desatada por el instalacionismo desde la década del 70´del pasado siglo y que llega hasta nuestros días, de la efervescencia que hoy tiene el video-art, el performance, el arte público, etc., y sobre todo de la fusión de manifestaciones artísticas que se presentara una como constante desde los albores de la Posmodernidad; en la actualidad artistas como Niels Reyes (Santa Clara, 1977) desafíen el rumbo de dichos derroteros del arte para apostar por la legitimación de manifestaciones más tradicionales que como la pintura, la escultura y el grabado, han quedado en la oscuridad de un pasado lejano, el cual ya ha sido “superado”.

El futuro se vuelve (2014) Oleo sobre lienzo. 200x200 cm

El futuro se vuelve (2014) Óleo sobre lienzo. 200×200 cm

Bajo esta visión modernamente progresista no pudiera contemplarse la existencia en el panorama contemporáneo del arte de la poética de creadores como Niels Reyes, sustentada en la tradición más que en la renovación. Sin importarle el peso que en el discurso teórico ha adquirido la definición del artista avant gardé, Reyes apela a su sensibilidad posmoderna  al reciclar lenguajes del pasado para hablar desde su presente. Sin embargo, aun cuando en el discurso teórico mucho se ha debatido sobre la muerte del aura de la obra, de su autenticidad, su unicidad y sobre todo de la liberación de ese elemento esencial que en la Modernidad fue la incesante búsqueda de lo nuevo; actualmente quienes conforman el llamado mundo del arte –críticos, curadores, académicos, artistas- insisten a la hora de emitir un juicio de valor en la presencia en la obra de ciertos elementos de dicha retórica que permitan hablar, quizá no necesaria y únicamente en el plano formal sino a nivel conceptual, de elementos de novedad o de una poética particular con una fuerte impronta ideoestética.

Dentro de este panorama ¿cómo valorar entonces una serie como Convergencia[i], más apegada a esa otra zona del arte que sin ser abstracción, coquetea con esa vertiente de l´art pour l´art? Sin dudas Niels Reyes posee una poética particular,  lo cual ha quedado refrendado en dicha exhibición donde se reúnen doce piezas de su autoría, la cuales abarcan a su vez los ocho últimos años de su producción artística. Sintomática de su quehacer, en ella pueden detectarse la permanencia de aquellas preocupaciones estético-artísticas que hoy permiten hablar en referencia a su trabajo de una poética singular. Deja verse su gusto por el retrato en primeros planos, los grandes formatos de sus piezas, su simpatía para con el lenguaje expresionista, su apego a la paleta estridente y al grosor de la pasta matérica y sobre todo esa especial comunicación que logra establecer con el receptor a partir del potencial expresivo de sus retratos.

Pelo verde (2015) Oleo sobre lienzo. 138x94 cm

Pelo verde (2015) Óleo sobre lienzo. 138 x 94 cm

Aparentemente inocuos, sus retratos y retratados dejan ver una innegable destreza en el manejo del óleo sobre el lienzo, mientras que los asuntos tratados ponen de relieve en variadas ocasiones la presencia de un fuerte componente autorreferencial, estrechamente vinculado a la temática infantil. Los personajes que urden la pintura de Niels parecen detenidos en el tiempo. Son seres que tienen en la mirada una extraña expresión de perplejidad, de incertidumbre; a quienes no les interesa discursar, sino que prefieren exclusivamente presenciar.

Si bien hoy por hoy, como apuntara el teórico alemán Boris Groys[ii], el impacto de la experimentación de lo nuevo se ha acortado tanto en el tiempo que apenas podemos disfrutar de la obra de arte como acontecimiento -Jean François Lyotard-, la exposición personal de Niels Reyes nos permite deleitarnos con un arte que nos propicia por unos instantes esa experiencia originaria. Profunda seducción en el orden visual o profunda atracción en el orden sensorial pueden experimentar aquellos que buscan en su arte el goce estético. Para quienes gusten de un arte más autónomo, ajeno a claras referencias contextuales, para quienes sepan apreciar el cinismo que lleva implícito el exclusivo trabajo de un artista contemporáneo con la pintura tradicional y para aquellos que se regodeen en el placer estético y conceptual de las operatorias intertextuales; Convergencia deviene el pretexto idóneo para acudir al encuentro de un arte sintomático del contexto -la falta de interés por la representación de temas contextuales implica igualmente una postura ética- y del momento histórico-artístico en que emergió.

[i]   Exhibida durante los meses de julio-agosto de 2015 en la galería “El reino de este mundo”, Biblioteca Nacional José Martí. Curaduría a cargo de Shirley Moreira.

[ii]   Sobre lo nuevo, en  FUOC, diciembre de 2002. (documento digital)